Hoy era el día.
Por fin iba acabar con el bastardo de Gaspard. Aun no estaba convencido con el plan, pero ayer entre besos, Caroline me había arrancado la promesa de dejarla ayudar.
No estaba seguro si era lo mejor, pero por lo menos tenía que admitir que Axel tenía razón, mejor estar preparados.
Por primera vez en años, salí de la cama temprano, pues quería pasar mis últimas horas con Caroline, más cuál fue mi sorpresa que al bajar, en el vestíbulo me encontré a alguien casi tan repugnante como Gaspard.
-¡Mi lord! – exclamo el maldito.
-¿Puedo preguntar que hace aquí Mortensen? – Mi voz sonó aun más fría de lo que pretendía.
-Vengo al baile, desde luego.
-Curioso, pues recuerdo que la gala no tendrá lugar hasta bien entrada la noche.
-Lo sé milord, – respondió el lambiscón hombre mientras retorcía sus asquerosas manos. – pero me tome el atrevimiento de abusar de su hospitalidad y llegar un poco más temprano, pues ya muero de ganas de ver a mi prometida.
-La señorita Collins aun no es su prometida. – Le recordé con énfasis, de hecho fue tal el énfasis que Mortensen dio varios pasos hacia atrás.
Gracias a Dios el bastardo no contesto nada pues de haberlo hecho no estoy seguro de poder contenerme.
Sin mirar al insignificante hombre, me gire hacia el comedor, donde ya se encontraba una inquieta Miranda.
-¡Buenos días milord! – Saludo la muchacha con demasiado entusiasmo.
-Deja de llamarme así Miranda – La regañe mientras me sentaba en la cabecera de la mesa.
-Ya sé que tengo que llamarte Andree, – repuso la joven mientras se sentaba a mi lado. – Pero ayer mamá me reprendió por hacerlo.
-Bueno, pues ahora no está por aquí tu madre para que te oiga.
-Yo no estoy tan segura, – sus delicados y pequeños hombres se encogieron – a veces pienso que ella lo oye todo.
Reí ante su comentario. Ahora entendía porque Axel estaba interesado en ella. Aunque joven, Miranda era muy hermosa, pero además de eso tenía un carácter juguetón como el de Axel. No me cabía duda que eran el uno para el otro.
Tanto la risa de Miranda como la mía murieron cuando el jodido Mortensen apareció por las puertas.
-Hola querida Miranda. – La joven decidió ignorar el saludo – ¿Puedo acompañarlos?
-Si no queda de otra – respondí provocando que Miranda riera.
Ya que Brie estaba al tanto de nuestros asuntos sobrenaturales, ella sabía que este podría ser mi último día con vida, por lo cual, la anciana dispuso un banquete entero en la mesa.
Caroline entro al comedor cuando Brie terminaba de poner en la mesa unos lindos arreglos florales. Su mirada de inmediato se dirigió a mí. Sus hermosos labios me sonrieron hasta que se fijo quien más estaba sentado en la mesa.
-¡Lord Mortensen! – Exclamo llevándose una mano al pecho – ¿Qué hace aquí?
-Mi bella Caro, – respondió el maldito hombre mientras se ponía de pie. – supongo que no me juzgara por querer verla.
-Bueno yo… – Sus precioso ojos grises se centraron en mí, como pidiéndome ayuda.
Ayuda que estaba más que dispuesto a ofrecer. – Siéntese Mortensen y deje a la joven desayunar en paz.
Caroline me medio sonrió mientras que por indicación mía se sentaba a mi lado.
Los señores Collins aparecieron casi cuando todos estábamos terminando y desde luego no dejaron de alabar a Mortensen quien no dejaba de lucirse delante de Caroline, mientras que esta se mostraba amable. Demasiado amable diría yo.
Mientras tanto yo no dejaba de repetirme a mí mismo que tenía que controlarme, pues ver la estúpida escena me estaba matando, quería golpear más de una vez el bonito rostro de Mortensen, tomar a Caroline entre mis brazos y llevarla a mi habitación, donde la marcaria como mía para que ni su familia ni ningún cabrón se atrevieran a arrebatármela.
A decir verdad me estaba comportando más que bien, pero cuando la señora Collins sugirió que Caroline y Mortensen podrían dar un paseo en mis jardines, mi temperamento exploto. Oscamente me levante de la silla y subí corriendo a mi refugio.
-¿Caroline? – Aparte la mirada de la puerta y me gire hacia Mortensen – ¿Qué tal te suena ese paseo?
-En realidad milord, me siento algo indispuesta. Lo mejor será que suba a mi habitación y me recueste un poco para estar mejor para el baile.
-Claro, claro – respondió Charles mientras se levantaba – por favor déjame acompañarte a tu recamara.
-No es necesario.
Sin decir más, salí casi corriendo como Andree.
No tenía ni idea de adonde se había metido, pero por mi alma que lo iba a descubrir.
Andree no estaba en ninguna de las veinticuatro habitaciones que revise. Estaba tan cansada y frustrada que me fui a mi habitación donde tenía pensado pasarme el resto del día.
Estaba de pie en el umbral de mi puerta, cuando me di cuenta que en el techo había una trampilla. Entre en mí habitación para sacar el banco del tocador y poder alcanzar la soga que abría la trampilla.
Cogí una pequeña vela que había en un candelabro y comencé a subir los chirriantes peldaños. Apenas había subido tres estribos cuando dos fuertes manos me tomaron de los hombros y me alzaron.
-¿Qué diablos haces aquí?
En la penumbra de la habitación no lograba distinguirlo, pero eso no era necesario pues podía reconocer su voz.
-Estaba buscándote.
-¿Para qué?
-Andree, ¿podrías ponerme en el suelo?
Gracias a Dios me hizo caso, me coloco suavemente sobre el suelo, tomo la apagada vela de mi mano y la prendió para iluminar la rancia habitación.
Por lo que pude apreciar, estábamos en el techo de la torre, pues la techumbre terminaba en forma de pico y el suelo era de una gruesa madera que chillaba constantemente.
Me aleje unos pasos de Andree para observar a mí alrededor. Había un enorme colchón sobre el suelo, en la parte norte se encontraba un gran escritorio que estaba repleto de formas extrañas.
-Espero tu respuesta.
La voz de Andree sonó en mi oído, temblorosa, me gire para encararlo.
-Quería verte.
-¿Es eso o quieres huir de alguien?
Sin poder remediarlo reí – ¿Y si es algo de ambas?
-En ese caso bienvenida.
Lo siguiente que supe fue que sus cálidos labios aplastaban los míos. Mis manos revolotearon por su cabello para acercarlo más a mí.
Sus manos volaban por mi cuerpo produciendo en mí un exquisito cosquilleo. El beso fue aumentando de intensidad poco a poco, tanto que sentía dolor en mis labios.
-Caroline – mi nombre fue un susurro en sus labios – Dios, te deseo tanto que me quema.
Quería decirle que sentía lo mismo pero por más que trataba, las palabras se negaban a salir. Así que simplemente actué.
Deje que mis manos vagaran por su pecho y lentamente comencé a desabrocharle la fina camisa de lino.
-Tienes que dejar de hacer eso. – Me reprendió mientras alejaba mis manos de mi cometido.
-No quiero. – Trate de volver a mi deber, pero Andree me lo impidió.
-Caroline, lo digo enserio. Tienes que parar.
Frustrada pero no vencida, me cruce de brazos y tratando de parecer valiente dije – Y si no paro, ¿entonces qué?
Andree sonrió irónicamente. – Te tirare al suelo y te tomare.
Solté un pequeño jadeo ante sus oscas palabras. Sabía que solo lo decía por asustarme así que armándome de un valor que hasta ese momento desconocía que poseía, me acerque a él. – ¿Por qué en el suelo si hay una cama?
Tanto Andree como yo nos sorprendimos por mi respuesta. Bueno por la cara que puso, estoy segura que él se sorprendió aun más pues ya no estaba con la Caroline tímida, pues esa se había quedado abajo, con Lord Mortensen.
-No juegues con fuego pequeña – Sus labios estaban tan apretados que me sorprendió que le salieran las palabras.
-Andree. – Él dio un paso para alejarse de mí, pero yo ya estaba decidida. – Quiero ser tuya.
-No sabes lo que pides.
-No, no lo sé, pero quiero aprenderlo con tigo.
Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza, como si estuviera midiendo la veracidad de mis palabras. Quería acercarme de nuevo a él, pero sabía que si lo hacía acabaría rechazándome de nuevo, así que espere.
No sé cuánto tiempo paso, pero finalmente Andree paro su escrudiño para negar con la cabeza – No puedo hacerte esto Caroline. No puedo.
-Shss. Esto es lo que quiero.
Su mirada se desvío de la mía – ¿Y si yo no lo quiero?
-Entonces te dejaría ir sintiéndome bastante apenada y estúpida. Pero mírame a los ojos y dime que no lo deseas. – Seguía sin mirarme, así que me acerque a él para tomarlo por la barbilla y hacer que me mirara – ¿Andree?
-Mierda Caroline, no debería hacerte esto. Me estas entregando algo muy valioso. – Volvió a menear la cabeza. – No me lo merezco. Además… quizá… quizá después de esta noche no vuelva a verte.
-Lo cual nos da más razones. Solo hazme el amor y déjame sentir aunque sea una noche lo que se siente ser mujer. Lo que se siente ser amada en tus brazos. – Los músculos tensos de Andree se aflojaron un poco, así que en son de broma agregue. – Además, ¿que no se supone que los hombres se mueren por llevarse una virgen a la cama?
-No confundas las cosas Caroline, me muero por llevarte a la cama y estoy agradecido como el infierno por que quieras acompañarme.
-En ese caso sígueme. – Sin dejarlo que recapacitara mis palabras, le bese. Andree se sorprendió pues nunca había iniciado el beso yo. – Hazme tu mujer. – Susurre con voz ronca en su oído.
Andree gruño antes de tomarme en brazos y llevarme al viejo colchón que rechino bajo nuestro peso. Me apresure a desabrochar su camisa con temor de que volviera a dudar, pero él aparto suevamente mis manos.
-Andree por favor.
-Tranquila pequeña – Beso y mordisqueo con delicadeza mi oreja – No tenemos prisa, disfrutemos esto.
Le fui quitando las orquídeas para dejar libre sus hermosos rizos rojizos. Entonces la bese tratando de describir todo el amor que sentía por ella.
Lentamente comencé a desnudarla. Baje sobre su cuerpo para quitarle los botines y poder ver sus diminutos y precioso pies. Eran tan hermosos que no pude evitar llenarlos de besos.
Después, subí mis manos por sus torneados y exquisitos muslos, me levante sobre ella para poder besar el valle entre sus pechos y comenzar a trabajar con el corsé.
Tarde un par de minutos en tenerla totalmente desnuda ante mí. – Eres hermosa – dije mirando sus rosados pechos. Sin poder resistirme más pase los dedos a lo largo de la parte inferior de sus suaves abultamientos cremosos. Ella jadeo. – ¿Sabes pequeña?, eres una fruta muy tentadora.
Antes de que me respondiera baje la boca a su pecho para atrapar el fruncido pezón entre mis dientes.
Caroline gimió.
Jugué un rato más con sus increíbles pechos mientras que ella hacia los sonidos más atractivos que me invitaban al placer.
Cuando sus pechos estuvieron ligeramente sonrojados, me di por satisfecho por ellos de momento. Ahora venia la parte de ella que mi cuerpo más ansiaba. Coloque mis manos en el interior de sus muslos y suavemente la abrí para mí. Pero ella cerró las piernas.
-Lo siento – Murmuro
Coloque las manos a cada lado de su cabeza y me alce para poder ver sus hermosos ojos grises.
-¿Qué pasa pequeña?
-Yo… no lo sé – A pesar de la escasa Luz, vi que estaba sonrojada.
-¿Quieres que pare?
-¡No te atrevas!... es solo que yo…
Con suavidad acaricie su mejilla – Dime qué quieres entonces.
-A ti. Te quiero a ti.
-¿Quieres que me desnude para ti?
Oí como su corazón de acelero cuando asintió.
Me levante de la cama y con una velocidad digna de un vampiro me desvestí.
Jadee al verlo. Era hermoso.
Su cuerpo era puro musculo, su piel bronceada y un ligero rastro de vello le cubría el pecho y bajaba en un caminito que descendía hasta su entrepierna.
Cohibida, aparte la mirada de esa parte de su anatomía.
-¿Qué pasa pequeña, tienes miedo de verme desnudo? – Nege con la cabeza – Entonces mírame. Quiero ver como tus bellos ojos se consumen de lujuria por mí.
-Para ser alguien que se hizo del rogar, lo estas manejando muy bien.
Rio seductoramente –Tú provocas eso en mi pequeña. Tú y ese lujurioso cuerpo tuyo.
Antes de que lograra responderle algo, Andree volvió a atacar mis pechos, pero ahora yo quería tocarlo, así que me aparte suavemente de él.
-Espera – Me miro ladeando la cabeza – Yo… bueno yo quiero tocarte.
Volvió a sonreírme juguetonamente antes de tenderse en la cama con los brazos cruzados de bajo de la cabeza. – Soy todo tuyo pequeña.
Suspire tendidamente mientras reunía valor para acercarme a él. Acaricie sus pectorales para después depositar pequeños besos en ellos. Realmente era neófita en esto así que simplemente lo imite llevándome sus pequeños pezones a la boca. Al igual que él había hecho con migo, lo chupe y mordisquee un poco.
Andree rio en respuesta. – Aprendes rápido.
Mis manos exploraron con lentitud su cuerpo. Lentamente fui bajando hasta que logre cerrar las manos en torno a su duro bulto que estaba entre sus muslos.
Al apretarlo suavemente, Andree gruño – ¿Te lastime?
-Digamos que si – Respondió riendo – pero es una tortura que no quiero parar. Vamos, sigue tu descarada exploración.
Hice lo que me pido tratando de ser lo más suave posible.
Volví a cerrar las manos en torno a su enorme hinchazón – Amm… ¿Andree?, ¿estás seguro que esto entrara en mí?
Se sentó para estar a mi altura. – ¿Quieres parar?
-No, es solo que… bueno, eres enorme. No sé si seré capaz de recibirte.
Me dio un ligero beso en los labios. – Te dolerá… en un principio te dolerá un poco, pero hare todo lo posible por que sea placentero.
Aun con duda asentí. Andree me recostó con suavidad para colocarse encima de mí. Volvió abrir mis piernas y yo las volví a cerrar.
-Lo siento,
-¿Qué pasa Coraline? No tengas miedo de mí.
-No tengo miedo, créeme quiero hacerlo pero…
-¿Pero?
-Algo le pasa a mi cuerpo.
Se apoyo sobre sus brazos para levantarse y mirarme a los ojos – ¿Qué le pasa?
-Yo… ammm – Retire mi mirada de la suya y dije rápidamente. – Estoy mojada de la entrepierna y no lo puedo controlar.
Andree me miro unos segundos antes de soltar una fuerte carcajada; la cual me hizo enojar.
-Me alegro que mi desgracia te divierta. – Lo empuje para bajarlo de mí, pero él ni se movió y dudo que siquiera sintiera el golpe.
-Mi pequeña e inocente Caroline – Dijo cuando término de reírse – eso es normal y quiere decir que estoy haciendo un excelente trabajo con tigo, así que no te avergüences por ello.
Dude un poco pero al final acepte su aclaración.
-¿me permites? – Asentí y el volvió a abrirme. Su mirada se clavo en la mía mientras acaricio mi entrepierna con uno de sus largos dedos.
-Eres tan cálida – susurro mientras deslizaba un dedo en mi interior. Sin siquiera proponérmelo, eche la cabeza hacia atrás y gemí. – Tan cremosa.
Sus caricias sumadas con sus sensuales palabras, prendieron un fuego en mi interior, un fuego que se volvió explosión cuando cambio los dedos por su boca.
Mi cerebro estaba abrumado con tanto placer que solo lograba gemir su nombre una y otra vez. Su pecaminosa boca me llevo a varios orgasmos hasta que le pedí piedad, pues no me creía capaz de soportar tanto placer
-¿Estas bien?
-Acabas de llevarme al cielo – Respondió con la respiración acelerada.
Le sonreí – Aun no llegamos al cielo pequeña… aunque aun no es tarde, ya probé tu exquisita miel pero aun sigues siendo virgen, si paramos ahora…
-¡No te atrevas Andree Wolfenbüttel! Aun no soy completamente tuya y no saldré de esta habitación hasta que me hayas tomado.
-¿Sabes?, eres bastante persistente – Mientras expandía su bello cabello sobre el colchón sonreí. – Por no decir que eres una pequeña diablilla.
-¿Qué quieres decir?
-Yo quería portarme bien. Te juro que quería portarme bien, pero aquí estas, tentadme con tu bello cuerpo y créeme, por caer en la tentación me estoy condenando al infierno.
-Andree yo…
-No te molestes, pequeña ya no hay marcha atrás sufriré mi condena pero al menos te abre amado una vez y Dios sabe que varios venderían su alma al diablo por tenerte.
Sorprendiéndome, me tomo en sus manos y dijo – Tú puedes tenerme cuando quieras. Te diría que no vendieras tu alma pero creo que llego un poco tarde. - Sus traviesos dedos me recorrieron hasta llegar a mis bolsas. – Pero teniendo en cuanta que yo soy la que te está ofreciendo la fruta prohibida, creo que no te iras al infierno solo.
Las lentas caricias que me estaba ofreciendo me estaban drenando el cerebro, así que fue toda una hazaña que lograra contestarle – Maldición pequeña, ¿hasta el mismo infierno me seguirás para torturarme?
-No te desharás tan fácil de mí.
Sin poder aguantar un minuto más sus torturas, la aparte de mí para recostarla nuevamente y acomodarme entre sus piernas. Deslice un dedo por su dulce abertura parta comprobar que estuviera lista, y en efecto estaba más que lista pero aun así me frote contra ella sin entrar en su humedad.
-Córrete para mi pequeña. – Al instante de que se lo pedí se corrió de nuevo entre mis brazos.
Al momento en que estallo su orgasmo entre en ella con una sola estocada.
¡Joder!, era tan estrecha que me obligue a no moverme.
-¿Estas bien?
Pasaron un par de segundos antes de que dejara de gemir y asintiera. Apenas y note como se relajaba comencé a moverme saliendo y entrando en ella lentamente.
¡Dios!, estar en ella era un paraíso. Su pasadizo era húmedo y estrecho, ardiente como fuego y tan suave como el terciopelo.
-Después de esto no me importa ir al infierno. – Murmure sin siquiera proponérmelo.
Caroline se retorcía de bajo mío haciendo la fricción aun más exquisita. Gruñí y con certeros envites la penetre aun más profundo. Sus suaves sonidos guturales desataron el animal en mí.
Aumente la velocidad de las estocadas llevándonos a un delicioso espasmo de placer.
Sentí como sus músculos se contraían antes de volver a correrse y al escuchar su salvaje grito no pude hacer otra cosa más que unirme a ella a un doloroso abismo de placer. Cuando mi semilla término de esparcirse en su interior, la abrace para girarme con ella, Caroline se dejo acomodar en mi pecho. Ambos sonreíamos como tondos disfrutando el deleite post-coital.
-No quiero deshacerme de ti. - Le dije tiernamente mientras acariciaba su sedoso cabello.
-Me alegro por qué no lo harás.
Y así, unidos, aferrados el uno al otro, nos dejamos envolver por el sueño.

















2 SusurrOs:
Ohhhhhhhhhhh¡¡¡¡ Ya se decidieron y fue hermoso. Principalmente me alegra que haya sido Caroline la que comenzara jejeje Mujeres al poder¡¡¡, que tenemos de eso más de lo que imaginamos ;)
OMG...fue HermOso!
La espeRa valiÓ la penaa...me encantó!
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